Últimamente, el término euroescepticismo está muy presente en los medios. Pero, ¿qué es?
Se entiende por euroescepticismo la crítica acerca de la Unión Europea (UE) y de la integración europea.
En realidad, hablamos de un conjunto de euroescepticismos que van desde aquellos que se oponen a algunas instituciones y políticas de la UE y buscan reformas (lo que se conoce como euroescepticismo suave), hasta aquellos que se oponen directamente y no creen que haya posibilidad de reforma (euroescepticismo duro).
El euroescepticismo no debe confundirse con el término antieuropeo, que es una aversión a la cultura europea y a los grupos étnicos europeos por parte de los no europeos.
El término fue formulado por primera vez en 1992 en un artículo de The Economist firmado por el profesor de Ciencias Políticas Ronald Tiersky, quien lo acuñaba para referirse a quienes defienden una mínima integración europea, que garantice la paz y la prosperidad, tratando de preservar el mayor grado de soberanía nacional posible.
Eurofilia: una cuestión de grados
Como dijimos, tanto los euroentusiastas como los euroescépticos son eurófilos, es decir, aceptan la UE como necesaria.
La diferencia entre ellos es que difieren en el grado de integración o tienen diferentes grados de optimismo con respecto de la hoja de ruta actual.
Entonces, el euroescéptico consideraría positiva la UE en sus bases y en sus valores, como traer la paz, la democracia y la prosperidad a las naciones europeas, pero mostraría escepticismo ante su configuración actual y su proyecto de desarrollo futuro.
Se puede establecer un vínculo entre euroescepticismo y nacionalismo si se entiende que, con la puesta en marcha de medidas de integración política, las sensibilidades identitarias y culturales se ven afectadas por una supuesta cesión de soberanía nacional a la UE.
¿Por qué el euroescepticismo es una causa de preocupación en la UE?
La década anterior, desde 2010, ha visto cómo la Unión Europea atravesaba una grave crisis de identidad, caracterizada por importantes retos económicos y sociales, y un euroescepticismo y extremismo crecientes.
Se detectaron indicios de desconfianza popular en el proyecto europeo y, para luchar contra esas tendencias, se trabajó muy duro para «reconstruir puentes» en Europa tras la crisis y para recuperar la confianza de los ciudadanos europeos.
Y si bien el euroescepticismo no es sinónimo de antieuropeismo, puede facilitar esa conversión. Es decir, se puede comenzar siendo euroescéptico y terminar adoptando el punto de vista de partidos políticos extremistas que no reconocen a la UE como autoridad y como elemento integrador.
En 2017 se editó un Libro Blanco sobre el Futuro de Europa en el que se planteaban muchas cuestiones como, por ejemplo, los principales retos y oportunidades de la década siguiente, y se exponían escenarios sobre la posible evolución de la UE hasta 2025.
Una de las preocupaciones principales de las personas encuestadas, en su mayoría jóvenes, tenía que ver con el euroescepticismo o, más bien, con el «antieuropeísmo» creciente.
A la hora de debatir el futuro de Europa, los participantes en la encuesta expresaron su preocupación por las consecuencias del Brexit para los 27 Estados miembros restantes y, concretamente, para su propio país, así como su impacto sobre proyectos concretos como la Unión de la Energía, el Mercado Único Digital o Erasmus +, sobre los británicos que viven o estudian en la UE y los ciudadanos de la UE que viven o estudian en el Reino Unido.
Los encuestados también se mostraron preocupados por la propagación del populismo y el euroescepticismo, y por la eventual reconfiguración de la UE en un futuro, tras la salida de un gran Estado miembro, preguntándose si existe un riesgo auténtico de que la UE se escinda en dos o varias Uniones.
¿Cómo podemos combatir el euroescepticismo?
Aunque ya hemos dicho que un euroescéptico no es, por definición, un antieuropeo, debemos poner énfasis en combatir las bases de este escepticismo hacia la UE. El proyecto integrador de la Unión sigue adelante, y en este Semestre Europeo nos encontramos con muchas iniciativas dirigidas a seguir mejorando.
La mejor manera de luchar contra el euroescepticismo es desarrollar una labor intensa de divulgación, acercando a todos los habitantes de la UE nuestros avances, nuestros planes, y haciéndoles partícipes de la actualidad de nuestra unión.
Apoyar y alentar iniciativas como Café con Europa, un espacio distendido de conversación sobre Europa entre representantes de las instituciones europeas y la ciudadanía; Futuro de Europa, en donde se dialoga con universitarios; así como sus respectivos portales y redes sociales, son una excelente manera de arrojar luz sobre lo que sucede en Europa y de dar a conocer sus logros.
También existen iniciativas que incluyen a otros países como el EYE (European Youth Event), en el que pueden participar jóvenes de toda la UE, y campañas como UE and Me.
Este tipo de iniciativas tienen un gran poder divulgativo entre la población. La obligación y responsabilidad de los líderes políticos es la de transmitir los valores y los principios de la Unión a la población. Hay muchas personas que se pueden preguntar cuáles son los beneficios de pertenecer a la Unión Europea, y es en esos casos en los que tenemos que esforzarnos por evidenciar la importancia que tiene Europa en nuestras vidas.
