Internet, un nuevo derecho humano

Internet, un nuevo derecho humano

¿Nos imaginamos lo que sería pasar una pandemia como la del coronavirus sin acceso a Internet? Algo así planteó el creador de la World Wide Web (WWW), sir Tim Berners-Lee, en el encuentro digital «Acceso a Internet: un nuevo derecho humano».

Este evento tuvo lugar el pasado miércoles 28 de octubre y reunió al presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el expresidente de la Comisión Europea Romano Prodi, contando, además, con las intervenciones en vídeo de sir Tim Berners-Lee y de Simona Levi, activista y directora del posgrado Tecnopolítica y Derechos en la Era Digital de la Universitat de Barcelona.

En esta conferencia se destacó, principalmente, el acceso a Internet como un derecho universal. En ese sentido, se desarrolló el reto que se le presenta a la UE para hacer de la red y del entorno digital un espacio democrático capaz de remodelar nuestro modelo económico, así como de dar a los ciudadanos una voz y un papel decisivo en los procesos de toma de decisiones.

La WWW surgió hace ya más de 30 años a partir de un documento redactado por Berners-Lee, entonces un ingeniero de software del CERN (Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire, en español, Consejo Europeo para la Investigación Nuclear) que trabajaba en Ginebra. La idea de Berners-Lee era, en sus propias palabras, «un vago, pero ilusionante espacio, libre y abierto, para que toda la humanidad pudiera compartir ideas y conocimientos».

En 1990, Berners-Lee ya había desarrollado el lenguaje HTML, fundamental para generar contenidos en la web; el protocolo URI, que proporciona direcciones únicas a todos los objetos en la red (a esa dirección se le conoce como URL); y HTTP, el protocolo de transferencia de hipertexto, que permite la recuperación de recursos enlazados desde toda la web.

Desde entonces, la evolución de Internet ha sido imparable y, sobre todo, ha permitido que haya cada vez más usuarios conectados hasta llegar a la cifra de más de 4.500 millones de personas con acceso en todo el mundo. Sin embargo, todavía quedan otros 3.500 millones de personas que no pueden disfrutar de las ventajas del mundo virtual.

Existen todavía muchas desigualdades que mantienen a toda esa población sin acceso a Internet y que, en situaciones como la actual, en la que la pandemia por coronavirus puede llegar a frenar el desarrollo económico, sufren una desventaja aún mayor.

La trascendencia de Internet en la pandemia de COVID-19

En el debate, que se puede ver en su totalidad en esta dirección, se intentó concretar cómo y por qué Internet debe ser considerada un derecho fundamental para los seres humanos.

Es innegable que durante esta crisis de la COVID-19 «los trabajadores han podido trabajar desde casa y mantener la economía a flote, los gobiernos han podido enviar información importante sobre salud pública, y los estudiantes han podido seguir aprendiendo en línea y han podido mantenerse conectados a los sistemas educativos», señala Berners-Lee.

Sin esta herramienta, los efectos de la crisis habrían sido mucho peores. De ahí la importancia de hacer llegar Internet a aquellas comunidades incomunicadas hoy, a ese tercer mundo digital en el que millones de personas pueden quedar completamente aisladas de la actividad económica, de la educación y del acceso a una información útil e importante.

Para Berners-Lee, «la red no debe ser propiedad de un individuo, de una empresa o de un gobierno: debe pertenecer a todos. De hecho, la red fue una expresión de valores que hoy muchas personas en esta reunión compartimos con los ciudadanos europeos. Derechos fundamentales como la libertad de expresión, de asociación, la dignidad humana, la protección de los datos personales, la no discriminación o la igualdad de género».

Europa, por una red abierta y gratuita

Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, agradeció a Tim Berners-Lee su participación y coincidió en que la red debería seguir siendo «abierta y gratuita», argumentando que «en la Unión Europea estamos orgullosos de nuestro modelo de sociedad, queremos preservarlo y mantenernos conectados».

La presidenta se centró en algunas de las iniciativas en las que la Unión ya está trabajando, iniciativas que se enmarcan dentro de los principios de la UE con respecto a Internet. También habló de la necesidad de defender «la soberanía digital» para así reducir la dependencia de la tecnología de terceros países.

Por otro lado, anunció la creación de los espacios para datos de ciudadanos europeos. Se trata de páginas especiales en las que los ciudadanos podrán elegir qué información comparten con las páginas que visitan o con los servicios que utilizan.

Hablamos así de una nueva «identidad digital» capaz de ofrecer confianza al ciudadano y, además, los proteja de cualquier uso ilícito de sus datos, o, simplemente, que estos no tengan que verse obligados a compartir datos personales que no son necesarios para el desempeño de un servicio. Por ejemplo, «para visitar una página de viajes no hace falta que nadie sepa si estás casado o no, o si tienes gatos o perros».